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La tercera cosa que logró fue PERMANENTE REPUTACIÓN Aun otro logro obtenido por Omri, sin tomar en cuenta a Dios, fue la reputación. Gozó de una popularidad que muy pocos alguna vez alcanzan. El nombre de Omri no solo fue venerado en Israel, sino que también fue respetado en otras naciones, durante los años que vinieron. Es el primer rey judío a cuyo nombre se hace alusión en las inscripciones asirias, al mencionársele dos veces, por nombre, en la Piedra Moabita. El 19 de agosto de 1868, un misionero alemán acampaba cerca de las ruinas de la antigua ciudad moabita de Dibon. Un jeque le dijo que a menos de diez minutos a pie de su tienda, se encontraba una piedra con inscripciones. Al llegar al sitio, encontró una tableta de basalto negro, que yacía sobre su cara posterior; esta medía poco más de un metro de alto por sesenta centímetros de ancho, tenía un grosor de veinticinco centímetros, y el borde superior era redondeado formando casi un semicírculo. Más adelante se descubrió que la inscripción era de treinta y cuatro líneas de extensión. Después de mucho esfuerzo y desconcierto, y de impresiones hechas de la piedra, con el tiempo se lograron hacer traducciones. En las líneas cinco y siete se hace referencia a Omri de nombre. Escritas por Mesa, rey de Moab, las líneas grabadas sobre la piedra, dicen así de Omri: Omri era rey de Israel y oprimió a Moab durante muchos días… … Ahora Omri había tomado posesión de todo el país de Madaba y había habitado allí durante sus días y la mitad de los días de sus hijos (o su hijo), cuarenta años…De Mesa, el rey Moabita que escribió la inscripción sobre la piedra, se hace referencia en 2o Reyes 3.4: Entonces Mesa rey de Moab era propietario de ganados, y pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con sus vellones. Con la inscripción sobre la piedra, Mesa estaba jactándose. Su padre había sido derrotado por Omri, pero Mesa pudo recuperar la tierra que su padre había perdido. Mesa se gloriaba en el hecho de que había podido tomar de nuevo el territorio. La piedra se inscribió a finales del reinado de Mesa, que habría sido después de la muerte de Acab. La piedra muestra cuán fuerte fue Omri durante su reinado. Ella testifica que Omri fue capaz de constituir un ejército con soldados de su tierra, a pesar de que muy recientemente había sido debilitado por la insurrección, y fue un ejército de suficiente tamaño para derrotar una tierra con el estatus de Moab. Esto significa que era una persona capaz, no solo para mantener la tierra que tenía, sino también para hacerla más grande. La forma como se jactó Mesa sería algo así como decir: «¿Conocen ustedes al hombre que es el mayor de todos? Yo recuperé la tierra que él había tomado. Esto significa que yo soy verdaderamente grande, ¡más grande que el mayor de todos!». Sí, Omri llegó a tener reputación en medio de Israel y en medio de las demás naciones, pero lo logró sin tener comunión con Dios. La Biblia no se anda con rodeos para referirse a su condición espiritual. Dice que fue más inicuo que todos los que le precedieron. Y Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, e hizo peor que todos los que habían reinado antes de él; pues anduvo en todos los caminos de Jeroboam hijo de Nabat, y en el pecado con el cual hizo pecar a Israel, provocando a ira a Jehová Dios de Israel con sus ídolos (16.25–26). Arregló el matrimonio de su hijo Acab con Jezabel, lo cual hizo probablemente con el fin de confirmar un pacto entre su nación y Tiro, un casamiento que causaría aflicción a Israel en los años que vendrían. Esto es lo que se dice de Acab: Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró (16.31). Omri anduvo sin Dios, y su hijo fue influenciado por su conducta. Omri fue uno de los reyes más grandes de Israel. Mantuvo unida a la nación, dio a esta un ejército permanente de probada efectividad, y la benefició con publicidad internacional. Tenía fuerza, visión y reputación. No obstante, todo este éxito fue carnal, es decir, no trascendió el ámbito de lo material; sencillamente fue el resultado de un esfuerzo humano. La dinastía que él fundó, superó a todas las que le precedieron, en cuanto a iniquidad, y las superó al grado de que la expresión «los mandamientos de Omri» se convirtió en una frase con la cual se designaba un estilo de vida opuesto a la ley de Jehová. Más adelante, en los tiempos de Miqueas, cuando se deseaba reprender a alguien por su conducta errada, se le decía: «Vives según los mandamientos de Omri». En Miqueas 6.16, dice: «Porque los mandamientos de Omri se han guardado,y toda obra de la casa de Acab; y en los consejos de ellos anduvisteis…». Omri heredó el trono a su hijo en el año treinta y ocho de Asa, rey de Judá. No es mucho lo que se puede decir de él. Cuando de la muerte de alguien se trata, lo que nos gustaría decir es que pasó a la presencia de Dios o algo parecido, pero en el caso de Omri no hay nada en ese sentido que se podría decir. ¿Qué se puede decir de alguien que vivió sin tomar en cuenta a Dios? Solo tres cosas: murió, fue sepultado y su hijo llegó a ser rey en lugar suyo. Y Omri durmió con sus padres, y fue sepultado en Samaria, y reinó en lugar suyo Acab su hijo (16.28). La vida y la muerte de Omri constituyen un mudo testigo de una gran verdad, y esta es que todo éxito que se obtenga en una vida que no toma en cuenta a Dios, es un éxito en vano, un éxito que no tiene sentido, un éxito que a fin de cuentas es inútil. Debido a la libertad que Dios nos ha dado a cada uno de nosotros, podemos optar por vivir una vida en la que Él no esté presente, una vida en la que pensemos, hagamos y digamos lo que nos venga en gana. No obstante, si optamos por vivir tal vida, experimentaremos un vacío que solo Dios podría haber llenado. La providencia de Dios no nos cubriría del modo especial que solo a los hijos cubre. Sobre todo, nuestra vida sería declarada un completo fracaso, al comparecer delante del Supremo Juez, cual sea el éxito que hubiéramos obtenido sobre la tierra. En este mundo podemos lograr cierto grado de éxito sin tener en cuenta a Dios; sin embargo, si no tenemos comunión con Él, no podremos vivir según Sus propósitos. Si andamos sin Él en esta vida, andaremos muchísimo tiempo sin Él en la eternidad. Uno puede tener cierta medida de éxito, sin tomar en cuenta a Dios, pero será un éxito vano e infructuoso.
domingo, 9 de agosto de 2009
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