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Alcanzó un éxito extraordinario, pero lo alcanzó por medio del brazo de la carne, no por medio de la fuerza divina. Constituye una ilustración de los elevados logros que uno puede alcanzar sin tomar en cuenta a Dios, debido al libre albedrío del cual Este dotó al hombre. Usando a Omri como ilustración, eche una mirada a cuánto el legado de libre albedrío que Dios da al hombre, le permite a este hacer sin tomar en cuenta a Dios. En primer lugar el desplegó una PODEROSA FUERZA. Omri, en cuanto a la carne, en cuanto a energía humana, adquirió gran fuerza. Llegó a ser un reconocido soldado, respetado por su destreza en el campo de batalla incluso fuera de Israel. La habilidad que había desarrollado se destaca con dos palabras que usó el Espíritu Santo: «las valentías». Note estas palabras que forman parte del resumen de su vida que se presenta en 16.27: Los demás hechos de Omri, y todo lo que hizo, y las valentías que ejecutó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Aun con su enfoque pagano de la vida, es probable que Omri fuera el medio de salvar de la destrucción a la nación. Después de la muerte de Tibni, el vigoroso liderazgo de Omri produjo estabilidad a una nación que estaba desesperada. Debilitada por la división, Israel era vulnerable a los reinos arameos y asirios que estaban emergiendo y que habían llegado a ser potencias dominantes en las cercanías. Si la fuerte dirección de Omri no se hubiera manifestado en seguida en Israel, no hay duda de que la nación habría sido vencida. Este rey aportó una guía esencial. Era tan poderoso el liderazgo de Omri, que los reyes asirios, Adad-nirari, Tiglath-pileser y Sargón se refirieron a Palestina como «la casa de Omri», y esto, un siglo después, cuando ya había pasado mucho tiempo de que había sido derrocada la dinastía de Omri. Era, sin duda, el soberano más capaz que Israel había tenido hasta ese momento. No obstante, recuerde que la fuerza de Omri no era la fuerza del Señor, sino la de la carne. Es erróneo decir, como algunos dicen, que todo logro humano se produce por la fuerza del Señor. Dios lo permite, pero no necesariamente lo proporciona. Omri era fuerte, pero no en el Señor. David era fuerte en el Señor; pero Omri lo era en la carne. Esté seguro de notar la diferencia. Al mirar a nuestro alrededor hoy, podemos ver imperios que dominan el mundo, así como organizaciones exitosas y movimientos poderosos que se han levantado por la previsión, la energía y la incesante labor del hombre. Estos no provinieron de Dios, sino de la fuerza del hombre. El hecho de que alguien lleve un ejército a ganar una batalla, conduzca un equipo a la victoria o guíe un grupo a constituir una leyenda, no es prueba de que Dios esté con él. Todas estas cosas pueden hacerse sin buscar que Dios forme parte de ellas. Dios le ha dado a la gente cerebro, energías y libertad para hacer progresos sin tomarlo en cuenta a Él, si elegimos hacer así. Hace algunos años, un destacado atleta era alabado a nivel mundial. Su nombre llegó a ser pan de cada día. Cuando jugaba, siempre ganaba. Se le calificó como «el mejor de todos los tiempos». Sus rivales le temían. Era como si la mano de Dios estuviera sobre él, y no podía perder. Con el tiempo, llegó a ser de conocimiento público el modo de vivir que él mantuvo durante sus «días de gloria». Se le conoció por sus pecados, su egoísmo y su crueldad para con los demás. Había experimentado el éxito gracias a la habilidad natural, la preparación y la sabiduría humanas, esto es, el brazo de la carne. Para hacerlo, no contó con la comunión con Dios ni con la guía especial de Este. Así sucedió con Omri. Hizo progresos con la fuerza de la carne, aunque su espíritu y su corazón se encontraban en estado de desobediencia a Dios. Puede que la gente lo volviera a ver y dijera: «¡He allí un hombre verdaderamente bendecido por Dios!», pero en realidad, era un hombre que no gozaba de la compañía de Dios. Había recibido talentos y habilidades naturales, pero el testimonio de las Escrituras nos declara que era inicuo y que siempre estaba infringiendo la voluntad de Dios. Al pensar en esto, no dejo de pensar un pastor de este lado del mundo. Cómo lo alaba la gente por su administración, por su forma impecable de manejar su iglesia como una organización impecable. Será un Omri moderno? Quizás a los mejor! La segunda cosa que tuvo este hombre VISIÓN PRÁCTICA Otra manera como Omri se destacó en la energía de la carne, la constituye el uso práctico que hizo de sabiduría y de visión. Cuando contemplaba la dirección que daría a la nación, decidió que era necesaria una nueva capital que fuera fácil de defender y más apropiada para la nación. Eligió a Samaria como la nueva sede. Desde los días de Jeroboam hasta los de Omri, se habían usado Siquem, Penuel y Tirsa como capitales, pero Omri reconoció que estas dejaban mucho que desear. Después de considerar las posibilidades, eligió un monte que pertenecía a uno llamado Semen, monte al cual llamó «Samaria», que probablemente significaba «monte fortificado».Y Omri compró a Semer el monte de Samaria por dos talentos de plata, y edificó en el monte; y llamó el nombre de la ciudad que edificó, Samaria, del nombre de Semer, que fue dueño de aquel monte (16.24). El monte de Samaria se ubicaba a once kilómetros al noroeste de Siquem. Alcanzaba los noventa metros de altura y estaba rodeado por otros montes, que obligarían a potenciales enemigos a atacar cuesta arriba desde cualquier ángulo. También, tenía una ubicación estratégica, debido a que contaba con rutas comerciales que corrían de norte a sur. La historia confirmó la visión y la sabiduría de Omri al elegir este sitio como capital. Samaria siguió siendo estimada como capital favorita hasta el final del reinado del norte en el 722 a. C. Los santos no tienen el monopolio de la sabiduría. Muy a menudo, un pagano usa su cabeza y toma una decisión acertada que tiene repercusiones para el bien de la sociedad y de la nación. No obstante, el hecho de que tome decisiones sólidas no constituye por sí solo una prueba de que Dios esté con él. Puede que solo signifique que usa el buen juicio que Dios le dio para la toma de una buena decisión. Cuando se toman buenas decisiones, por lo general se producen buenos resultados. He conocido padres que eran paganos, pero que hacían elecciones bastante buenas acerca de la crianza de sus hijos. Elegían pasar tiempo con sus hijos, elegían proteger la salud de estos y elegían proveer para su futuro; sin embargo, vivían una vida que no tomaba en cuenta a Dios. En un programa de televisión se presentó una vez una familia que se había reunido para su cena del día de Acción de Gracias. Era un hogar típico de la clase alta, en el que se respiraba una atmósfera de amor, acogida, aceptación, paz y compañerismo. Parecía tener todo lo que cualquier persona desearía en un hogar. Cuando se disponían a comer, el padre de familia pidió a cada uno que mencionara algo por lo que estuviera agradecido. Uno tras otro de los que estaban alrededor de la mesa, expresó su gratitud. Sin embargo, faltaba una idea: no se mencionó a Dios. Esta familia no dio gracias a Dios. Esto debería destrozar su corazón. Es una escena que se observa muy a menudo. Todo está allí: casa, familia, comida, entretenimiento y calor, ¡pero es una vida sin Dios! Omri era aparentemente un hombre inteligente. Previó lo que convenía a la nación. Tomó algunas buenas decisiones. No obstante, había un terrible lunar en su vida: Vivía completamente sin Dios. El apoyo que lo mantuvo lo constituyeron únicamente las manos del hombre, no los brazos eternos de Dios.
domingo, 9 de agosto de 2009
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